Soy un corazón enfermo, una mente tóxica, un cuerpo temeroso que no sabe de antídotos. Río, lloro, aplaudo, extraño y me desangro. Y voy a los hospitales en busca de un enmienda apresurada, de un brebaje que disipe el dolor de las reliquias del pasado, de los cimientos en que se asientan mis pretextos.Tengo la piel amoratada, y sin embargo, trepo, crezco, recorro. Me atrevo a mirar cara a cara a la luna y encaramada a las estrellas, acaricio los cristales. Bebo la vida en pequeños sorbos, y me pierdo... me embriago de los placeres del tiempo.
Luego me acurruco en los límites de la ciudad e intuyo los arrabales, los finales, los inicios. Y revivo el milagro de los sueños, arropo a los sentidos, arrebato a los sortilegios.
Y sufro, complazco, digiero... y siempre asisto a la fiesta con los ojos abiertos... Soy un corazón enfermo, una mente tóxica.
(Agosto de 2005. ¿Por qué será que las sensaciones se repiten y los momentos parecen regresar a un tiempo circular?)
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